04 de agosto de 2019

Las páginas matutinas más bien son vespertinas. No encuentro el tiempo para hacerlo temprano por la mañana, entre las ganas de seguir durmiendo y las obligaciones de un nuevo día. Aunque es cierto que muchas mañanas las desperdicio entre el sueño y la vigilia, entre el tiempo en el baño y en el móvil. La verdad mis mañanas no son productivas y esto es lamentable. Cada noche me duermo con la idea de levantarme temprano por la mañana e ir al gimnasio, cosa que no siempre consigo. Esto es cosa de un solo día. Solo los lunes nos levantamos para hacer ejercicio, después regresamos con una dosis de energía que dura hasta el mediodía, pues una vez terminada la comida nos sumimos en una bien «merecida» siesta. No sé en qué parte de la constitución humana reside la motivación, pero parece que en mí no existe o se empeña en ocultarse. Creo que la motivación reside en las ideas. Por ejemplo, hoy me está costando mucho escribir. Es tanta mi reticencia al hecho de sentarme a escribir que todo lo que me rodea me parece insoportable. Cualquier interrupción me saca de quicio. Ojalá pudiéramos ser felices sin nada, pero yo detesto el vacío, y por consecuencia odio a la muerte. Ese lugar de silencio eterno. Esa cueva pequeña y oscura donde no existe la luz, el sonido ni los sentidos. ¿Será que eso es estar muerto? No ver, no sentir, no escuchar… pero algo debe pasar con nuestra conciencia, a menos que esta se acabe. También puede ser que la muerte sea tan solo la pérdida de los sentidos, y que nuestro cuerpo se convierta en nuestra eterna prisión.

Sigo escribiendo y la mano derecha me duele. Solamente siento dolor en esa mano y no en la izquierda. También me doy cuenta de que es la que más se mueve y la que presiona más teclas. Hagamos un experimento y mira atentamente cuales letras tecleas con tu mano derecha. Debo seguir escribiendo para darme saberlo. Esta última palabra la escribí tan solo con los dedos de la mano derecha. Debería aprender a utilizar todos los dedos, quizás así no sentiría este dolor que hace la tarea de escribir aún más complicada. No sé cómo debería utilizar los dedos. Debe existir una forma correcta. Pero ahora no debe ser tiempo para averiguarlo. Hasta donde he llegado para seguir escribiendo. Desde reflexionar sobre la muerte hasta algo tan nimio sobre cómo escribir correctamente en el teclado.

Una página a penas, y siento como el tiempo pasa lento y que me estoy quedando sin ideas. Pero no voy a escribir toda una página la misma frase que refleje cuánto me cuesta hacerlo. Creo que con un poco de motivación llegaré al final, y así poder tomar el libro sobre la creatividad y ver qué otras actividades me proponen para ser más creativo. Pero qué redundante soy, y lo peor es que me doy cuenta y no hago casi nada para corregirlo. Pero esto debe ser así, estás tres cuartillas deben ser de escritura libre, sin contratiempos y sin correcciones. Me duele todavía la mano. Esto que acabo de decir debería estar entre paréntesis, así sabría el lector que ha sido una repentina interrupción en este bien intencionado relato sin sentido. Mas, ¿quién se tomará el tiempo para leer estas páginas que si a mi motivación se atienen se convertirán en treinta en diez días y en noventa en alrededor de un mes? Pensar que tendré tantas páginas para no tener nunca el tiempo de regresar a ellas, darme cuenta de lo que hacía de mi vida en cierto instante.

Acabo de pensar que esto sería como una carta a mi yo del futuro. Dime, no sé cuánto tiempo ha pasado, pero ¿qué es ahora de tu vida? Espero que ya no tengas los mismos problemas económicos de siempre sin haber dejado de comprar libros. Quizás si me pongo trágico nunca llegaré a releer esto porque la muerte me llegará repentina. Es por eso por lo que me gustaría aprovechar el tiempo y cuidar de esta máquina que es mi cuerpo. Esta prisión que por ahora me libera pero que de caer enfermo me incapacitaría para hacer todo lo que más amo y quiero. Lo que deseo tanto es nunca perder la vista ni las manos, pues de escribir y leer vivo. Para mí esa sería la más grande de las tragedias. Haber perdido la motivación para vivir de buena manera. Mis ojos, mi único contacto con el mundo. Mira, he dicho que iba a evitar el uso de -mente en mis escritos, y ahora me doy cuenta de que lo he utilizado más de una vez. Debo aprender a dejar esos vicios del lenguaje. Esa manera de hablar que se ha sistematizado en los medios escritos y digitales. Esa forma de expresarse tan limitada de la gente. Yo soy la gente. Eso debería hacer, dejar de lado las redes sociales, pues al final de nada sirven. Bien, me acabo de encontrar con un libro que habla sobre el tema y el cual voy a leer justo después de terminar este martirio. Y saber que todavía me queda poco más de una página y quinientas palabras.

Justo ahora entro en la tercera página. Bueno, casi. Cual será mi rutina para la siguiente semana, se pregunta este austero visionario del tiempo. Sé que Caina regresa y que con esto se abre la posibilidad de que me responda y nos veamos después de tres años y una desaparición intermedia. Todavía considero parte de la ficción su repentina aparición. Me bastó renunciar a mi trabajo anterior y comenzar uno nuevo para notar un mundo nuevo de posibilidades. En realidad, este mundo nuevo está lleno de mujeres, con las cuales llevo tan solo una relación amical. Mirad en lo que me he convertido, en un maldito esclavo de mis deseos. También la vida debe tratarse de eso, de suprimir las emociones por el bien común, porque de llegar a traicionar a la mujer que me ha dado la confianza para vivir casi dos años juntos sería traicionarme a mí mismo. Debo saber ver las bondades que me ha dado la vida, cosas tan simples como tener un techo donde vivir y algo que comer en el refrigerador. Esto me hace pensar que han pasado ya varios días sin que hable con mis padres. Deben pensar que tan solo llamo cuando necesito dinero, pero no es eso. Los quiero, pero como todo hijo despreocupado finjo que no me hacen falta. Lo peor es que sé que mucha falta me harán cuando de verdad ya no pueda hablar con ellos, y que la muerte me los haya arrebatado de por vida. Parece tan normal vivir así, pensando que seremos eternos. Sin embargo, mis padres no perdurarán de por vida, y debería hacer algo para siempre tenerlos conmigo. Al final soy su descendencia y su viva imagen. No puedo olvidarlos si al verlos al espejo veo que me han heredado sus rostros, sus manos, sus ojos e incluso algo tan personal como su miedos o manías. A mi padre le debo el haberme enseñado el valor del trabajo bien hecho. De haberme hecho un hombre de bien que no deja las cosas a medias cuando de compromiso se trata. Todavía me queda mucho por aprender de él, y me gustaría ser la mitad de lo que él fue al final de mi vida. De mi madre aprendí el eterno e infatigable compromiso por su familia; el amor incondicional; la preocupación por que todo vaya bien con quien más queremos. Recuerdo cómo mi madre se preocupaba cada noche porque hubiera cenado. Por cada mañana de escuela o trabajo. Por tenerme lista mi ropa y el desayuno por las mañanas antes de salir a la caótica ciudad de Guadalajara. Cuánto han cambiado mis días desde esa vida que llevaba en México. Tengo más tiempo libre que no siempre aprovecho como debiera o como me gustaría, pero es que disfruto dejarme llevar por el vacío y la nada, dormir hasta que ya no sé de mí, a jugar al muerto. Esto debe ser porque no tengo un reloj con la hora y fecha exactas de mi muerte, sino otra cosa sería… pero es que sí la tienes. Te vas a morir y tú no estás haciendo gran cosa para que la vida valga la pena. Me voy a morir, me estoy muriendo sin darme cuenta y todavía me doy el lujo de desperdiciar la vida entre las horas de sueño que nada dejan. Bueno, en realidad dejan sueños, pero basta con soñar de noche, cuando dormir es irremediable porque se debe trabajar al siguiente día. Haz el intento por no echar tu vida a la basura. Despiértate temprano y motivado, que los pequeños esfuerzos al final otorgan inconmensurables recompensas. Tan solo date cuenta cómo inviertes el tiempo en el trabajo y todo lo que has aprendido en tan solo unos meses. Eres más hábil en algo que antes tenías miedo de realizar. Somos más que nuestras limitantes. Y he aquí cómo se terminan tres páginas y un tercer día.


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