06 de agosto de 2019

Tendré que maquinar una estrategia para hacer de estas páginas una actividad matutina, como desde un inicio fueron concebidas. Qué contar cuándo no se sale de casa durante todo el día. La rutina transcurre simple, despertarse para desayunar, intentar sumirse en la lectura de alguno de los muchos libros que habitan la mesa del salón, perder el tiempo entre la búsqueda incesante de libros que no puedo comprar ni tampoco leer al instante porque el dinero y el tiempo no son algo que pueda controlar por el momento. Esta adicción por tener y leer todos los libros —que me recomienda otro libro—, me dejará de seguro con una cuenta bancaria vacía y con una deuda impagable. Los problemas de dinero me han perseguido desde que decidí cambiar de país. Decisión que fue motivada desde un sueño febril de mi adolescencia por vivir en las antípodas y por querer enamorarme desde afuera. El amor sí llegó y fue motivación suficiente para que no pensarlo dos veces y reafirmas esos sueños que se estaban haciendo realidad. Heme aquí en un apartamento, en el tercer barrio de Lyon, en un cuarto piso con todas las comodidades de un hogar que siempre quise; más un gato que mira curioso por la ventana. El gato no le pedí, pero se volvió el arma necesaria para combatir posibles y futuros roedores. Hay que decir que el gato fue una excelente inversión, pues el día que hubo ratones les dio caza a cada uno de ellos. Al menos —los ratones— pueden quejarse de una muerte natural y más humana —salvaje— pues ya no hace falta poner trampas con pegamento, lo que en verdad era efectivo, pero no muy compasivo con la vida de tan indeseados inquilinos, ya que estas trampas no matan —no al instante— y prolongan durante horas o días en un martirio comparable al del peor de los infiernos. Si lo pensamos bien, este sistema de tortura podría haber sido aprovechado por la Santa Inquisición. Imaginemos un gran recuadro en el piso con un pegamento y a un hombre que es obligado a caminar sobre él y quedarse de pie. ¿Hasta qué momento soportará no poder levantar uno u otro pie? Con el paso del tiempo no soportará la misma posición y se verá obligado a sentarse, para después seguir así hasta que no le quede más que recostarse. La tortura residirá en que en algún momento intentará levantarse, y la única forma sería desgarrándose la piel para después desangrarse y hacer del intento una nueva tortura hasta su muerte. En realidad, este método de tortura es lento, y necesitaría un complemento para que funcionase más rápido, un techo que desciende lentamente hasta obligarlo a recostarse; luego podríamos calentar la habitación, para que no le quede otra alternativa que luchar con todas sus fuerzas para liberarse. Todo depende de las intenciones de la tortura porque, si es para hacerlo confesar, será bastante eficiente pero existirá el caso en que esta tortura sean tan solo una manera más creativa de matar fuera de lo convencional.

Hoy me siento vacío, y escribir estas palabras me parece una tarea titánica. Pienso que me da miedo tener al final del mes casi cien páginas, ¿y al final sobre qué? Sobre todo lo que no me pasa. Sé que mañana se abre la puerta de la esperanza al dejar entrar a Caina en mi vida, en una simple reunión con un café de testigo en alguna parte de la ciudad que pueda albergarnos como dos almas solas y afortunadas de encontrarse. Encontrar un refugio para crear un mundo nuevo, y eso quizás a partir de un beso. Pero estas son mis pueriles ilusiones, no sé dónde reside el interés que Caina tiene por mí, si en su mente o en su corazón. Para ser sinceros me encantaría poder residir en esos dos continentes mezclados en un solo cuerpo. No espero mucho, pues en realidad ni siquiera esperaba volver a verla en esta ciudad que amenaza con no volver a sorprenderme, ser la causa de una desilusión más. Es inhabitual sentir cómo la vida parece detenerse cuando se vive con alguien. Cuando finalmente nos casamos con la persona amada sin realmente casarnos. Si bien no tenemos un compromiso legal, nuestro contrato reside en el cariño y la comprensión. Nos tenemos y es lo que importa, aunque pareciera que la pasión se haya ausentado temporalmente de nuestras vidas.

La lluvia llega con su inconfundible olor, y es justamente cuando también aparece esta crítica hacia mí mismo por no estar a la altura de un buen escritor. Estas páginas no tienen una intención literaria, plagadas de buena prosa y un vocabulario digno de publicarse, están en realidad hechas de lo primero que me pasa por la mente. Y estas primeras ideas no las considero a la altura de mí mismo. Lo digo porque me he comparado en antiguos textos y es ahí donde me doy cuenta de que mi lenguaje es mucho más fluido. Quizás esto tenga una causa de uso. Aunque mi lengua materna sea el español, mi lengua de todos los días se ha convertido en francés. Mi forma de querer se ha afrancesado y también un poco mi manera de sentir. No puedo evitar pensar en una palabra sin antes traducirla y viceversa. El lenguaje parece a veces agredirme y humillarme. ¿Por qué no soy capaz de tener una prosa más sensata y con un mejor estilo? Nadie es más culpable que yo. He dejado que el tiempo pase sin escribir ninguna sola página, y unas semanas sin leer de verdad un nuevo libro. Pierdo más tiempo pensando y comprando lo que voy a leer en lugar de leerlo. Ahora me resisto a comprar libros.

Date cuenta de que pierdes la atención muy fácil, y muchas veces sin darte cuenta. Lo peor es cuando te das cuenta y nada haces para redimirlo. Lo mejor es que, de manera paulatina, me he alejado de las redes sociales. Me he ido para siempre de ese mundo virtual y transparente que ha sacado o borrado lo mejor de mí. Mi atención con el mundo social real ya no es la misma, pues ni siquiera me interesa lo que ella me cuenta por el hecho de poner más atención a la vida de los otros. Esas vidas que nada tienen que ver conmigo, tan solo veo pasar como un vil entretenimiento. Me fascina ser un voyeur, presenciar la vida de los otros sin ocuparme de la mía, cosa que me ha llevado a entrever el poco interés que provoca una persona que no se deja notar en las redes sociales, en donde si no estás presente no existes. Me gustaría hacer el experimento de publicar algo de mi vida todos los días y poco a poco ver las falsas reacciones de todos lo que me conocen. Así existiría finalmente, y dejaría de ser un nadie en ese mundo ajeno. Pero lo peor o mejor es que no me interesa. Soy tan egoísta que puedo mandar a todo el mundo a la mierda, incluida mi familia. Disfruto la soledad. Este tiempo en solitario me lo he ganado a pulso y no debería verlo como un castigo causado por el menosprecio hacia los demás.

Cansado de la música contemporánea me propongo a hacer un viaje acústico al siglo pasado, pero no muy lejos, tan solo iré a los confines del rock ochentero y noventero para atrapar alguna palabra que me llegue al alma como una poesía. Esta canción dice “quiero ser el único que te muerda la boca, mientras espero contigo me muero y no quiero seguir así”. La música latinoamericana ha nacido a partir de nuestra irreversible mezcla con Europa de la cual heredamos el idioma, aunque le dimos nuestra propia forma. En las letras latinoamericanas, como en la música, está presente la pasión amorosa que no se desgasta. Este deseo perpetuo por encontrar a la mitad perdida y no volverla a perder. Un amor que si bien es puro no deja de ser imperfecto. En Latinoamérica nos enamoramos a perpetuidad. Vivimos locos por lo que podríamos obtener y no tenemos. En la mujer afecta de manera distinta, y crea una mujer sumisa pero rebelde dentro de sí, y es algo que no siempre va a mostrar. Para ella lo que importa está dentro y no fuera.

Pero estas son meras suposiciones, pues ya no creo enamorarme a la mexicana, sino de una forma híbrida entre el amor a la europea y a su forma literaria. Es aquí cuando mi discurso perdió de nuevo sentido. La causa es seguramente esta música con letra que no me permite escuchar lo que pienso. Vamos a intentar de cambiar esto. Ahora escucho la música de Boris Vian, e intento describirla. Esto sería el amor ridiculizado. No por el hecho de que no se crea en al amor a perpetuidad, sino porque divierte tanto reírse de los propios sentimientos exagerados que podemos sentir unos por otros. Estamos encantados por una ilusión que no es permanente, pues qué ilusión dura más de un año. La gente podrá debatir esto, pero mis palaras no dejaran este documento, y con eso termino otras páginas vespertinas.


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