Unas por otras

Andar detrás de las faldas de una mujer, Rubén, así se llama, decía la madre y luego se arrepentía al ver los ojos apagados de su hijo, no quise decir eso, pero eso ya es obsesión, esa mujer te ha arruinado la vida y él no digas eso, mamá, Silvia es como es, no es mala, sólo ha sufrido mucho, no ha podido volver a enamorarse de ningún otro hombre. La madre se puso a buscar en un cajón, sacó una fotos, mira Rubén, ya son más de veinte años, hijo, veinte años, carajo y arrojó las fotos sobre la mesa y sigues todavía soltero, esperando a que ella se decida, esa no es vida. Rubén pensó que a su madre no le faltaba razón, han sido veinticinco años, dos meses y tres días para ser exactos; pero Silvia me quiere a su modo, mamá, ella tenía que cumplirle a su hija primero, yo la ayudaba con los gastos de la niña y la madre, la sonrisa disimulada del enojo, una hija que no es tuya, Rubén, sino de otro, y yo que esperaba tener nietos, tus hijitos que yo iba a cuidar y ahora, por complacer a una mujer y a sus caprichos, has hecho sufrir a tu pobre madre. Ya me resigné, nunca voy a ser abuela. Rubén le rehuía la mirada, se refugiaba en las fotos que no quería ver y la madre esa mujer te está haciendo mal, en su pueblo decían, y qué cierto era: más jala el pelo de una mujer que una yunta de bueyes y Rubén todavía no es tarde, mamá, Silvia ya es abuela. Antes que yo, hijo, si no te hubieras obsesionado con esa yo ya sería bisabuela, y Rubén no llores, mamá, yo también he sufrido, todos estos años soltero, pero he tenido mis pequeñas alegrías, Silvia ha salido adelante, he estado siempre ahí para cuando ella lo necesita. Doña María se limpiaba las lágrimas, tomó un pañuelo y se sonó, vio como su hijo detenía su mirada en cada foto, las fotos donde aparecía él con Silvia y la niña, los tres en el parque, los tres en una boda. Nunca te presentó como se debía, hijo, acuérdate que tú eras el amigo, el sempiterno amigo resignado a mendigar amor como madre abnegada. Rubén no decía nada, anduvo un camino frugal hasta el pasado, recordó los días en el parque, las veces que la niña, confundida por el cariño, lo llamaba papá. Esa fue mi recompensa, pensó, el cariño no negociable de la niña, ella vio un padre en mí, mamá, y yo no pude ver otra cosa que mi hija, como si fuera sangre de mi sangre. No es lo mismo, Rubén, nunca fue tu hija, no te tocó el paquete completo, tú querías tanto a esa que te conformaste con las limosnas de cariño que te daba, sigues esperanzado, hijo, veinticinco años echados a la basura. No es tarde, mamá, todavía nos vemos, yo la ayudo en todo lo que necesita. Ah qué buen samaritano, hijo, sacrificando todo por una mujer que nunca te ha querido. Rubén volvió a guardar las fotos en el cajón, se pasó las manos por cabello, se miró de soslayo en el espejo de la sala, se comparó con el que era hace veinticinco años, soy feliz de esta manera, mamá, deja de mentirte, hijo, por favor, nunca es tarde para recapacitar, es tarde ya para mí, mamá, yo le he dado mis mejores años a Silvia y ella me correspondió como pudo, a su manera, con un cariño que nunca alcanzó al amor. Ay, hijo, me duele mucho verte así, yo ya estoy muy vieja para hacerte recapacitar, para verte feliz y enamorado de una mujer que sí te corresponda, yo creí que cuando esa se encontró un marido, ¿te acuerdas? Ni un año tenía de conocerse y se casaron y tú te enojaste tanto que dejaste de verla, y yo pensé qué bueno, por fin va a seguir con su vida, pero no pudiste desprenderte tan fácil, no veías a esa pero sí a su hija, y Rubén ella no tenía la culpa, mamá, yo le ayudaba en lo que podía, trataba de no preguntarle por Silvia, pero ella me sacaba el tema, me contaba mi mamá no se ve muy contenta, la pasa mal, tiene que vivir en la casa de la madre de ese señor, la tienen de criada, por qué no te casas tú con mi mamá, papá y a mí se me oprimía el corazón, mamá, Alejandra, la niña, sufría, yo sufría, y yo le decía tú mamá no me quiere, hija, ella ha elegido rehacer su vida, yo ya no puedo hacer nada. Y Silvia terminó divorciándose, Rubén, y no de ti. Silvia sufrió mucho, mamá, no se lo merecía, yo no regresé sino un año después, cuando sentía que ya la había perdonado, la pobre no estaba bien, yo no podía negarle mi apoyo. Nunca te quiso como hombre, hijo, no te veía como el hombre de su vida, como el padre de sus hijos, y tú fuiste a cometer el error de volver y todavía peor, pedirle que se casara contigo. Rubén lo recuerda, Silvia se sentía tan mal, se sentía engañada, y él le propuso matrimonio: yo sé que no me quieres, Silvia, no como yo quisiera, pero casémonos, por el bien a largo plazo de la niña, ella me ha querido desde siempre como su padre. Pero Silvia dijo no, no quiero casarme, Rubén, no así, yo no sirvo para el matrimonio, entiéndeme, no puedo, no es para mí. Mintió, no le dijo a Rubén que no quería casarse por lástima. Qué bueno que te dijo que no, hijo, cómo se te ocurre hacer una propuesta de matrimonio esperando que te digan que sí por lástima, o por interés, por mera conveniencia. Rubén aceptó ese no, a su manera ganó una hija, padre soltero, por casualidad. Ay, hijo, ya es muy tarde, no es muy tarde, mamá, nunca lo ha sido, yo he tratado de entender las razones de Silvia, he aceptado el amor desde la trinchera, ella, ahora más que nunca, necesita de mi apoyo incondicional. Ese no es amor del bueno, Rubén, cuándo vas a entenderlo. Rubén se tenía que ir, hoy es el cumpleaños de la niña, mamá, regreso más tarde.


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