Aquí nos tocó vivir

Mi madre nunca va a volver. Ella lo sabía desde que se fue. Se fue con la intención de no regresar, ya fuera por una muerte repentina o por encontrar una mejor vida: the american dream. Cómo me gusta el inglés, a veces sueño que lo hablo y cuando despierto me gusta imaginar que al menos en mi cabeza lo sé hablar, pero ya no tengo tiempo para aprender, ahora lo primero es el trabajo, ganarse el pan y después la diversión.  Mi madre se fue para el otro lado, y no es que haya muerto, sino que ahora está tan lejos que cuando hablo con ella por teléfono es como si sólo existiera su voz. Tres meses le tomó volver a comunicarse con nosotros. Oscar, mi hermano, la daba por muerta, al igual que a mi padre, que nos abandonó cuando yo tenía diez años. Quizá mi padre es el que ya está muerto, y si no es así ya lo está para su familia. Yo quería irme con mi madre, pero no pude juntar los 1000 dólares del pasaje, así que aquí me tocó vivir.

Me levanto todos los días a las 5:00 de la mañana, para poder llegar a las 7:00 a la central de autobuses, donde me junto con otros albañiles que, como yo, vienen aquí para buscar trabajo. A veces la chamba tarda semanas en llegar, otras veces tenemos suerte y somos contratados el mismo día. Los días de contratación inmediata son los que de mejor humor me ponen, ya que son los únicos días que mi Laura se pone feliz, porque no todos los días se come pan y tortilla. Laura y yo no estamos casados, pero tenemos un hijo, Dante.

Aquí me tocó vivir, porque mi madre me dejó, porque estudié hasta la primaria y tuve que trabajar para comer desde que tenía doce años. No tenía otro propósito, no tenía sueños: tenía hambre. Pase de cargador a ayudante; de ayudante a albañil, y no sé hacer otra cosa por la que pueda ganar más o menos bien. Sé tocar el bajo, pero uno no se gana la vida con eso. Me encanta la música, pero el tiempo para mis gustos viene después de ganarse el pan.

Para ser francos, no me llevo bien con Oscar, y es porque a los dos nos tocó vivir en este inferno. No había de otra, le digo, así que confórmate con lo que tienes. No sé mucho de él, hace años que no nos vemos, porque las broncas entre los dos iban a terminar mal, con alguno de los dos yéndose al mismo lugar que nuestro padre.

Yo no tuve otra opción, pero mi hijo la tiene, a pesar de que el infierno lo lleva en el nombre. Él nació en este infierno, pero tiene mi tiene a mí como guía, un padre que no dejará que se quede eternamente en las llamas, un padre que quiere construir una casa del color del cielo, en lo más alto de una montaña, ahí donde el aire es puro y donde se está más lejos de ese abismo donde nos tocó vivir.

08/mayo/2017


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