Lo irreversible

Nada va tan bien cuando se sufre el abandono. Un perdida amorosa, un idilio es sus tempranos comienzos. La vida sería más sencilla si no fuera de esta forma, si no me hubiera comprometido con aquella persona que me salvó de la oscuridad en aquellos días de desasosiego. Ella llegó como paliativo, quise que se quedará, la cuidé como no lo hice antes con la anterior. Tenía mis dudas al inicio, dudas que evocaban al miedo de volver a estar solo. Sí, era más libre, me decía que si en algún momento decidiera irse yo lo aceptaría, que ningún contrato tácito nos unía de por vida. Nuestra relación experimenta la misma fragilidad de antaño, producto de un juego de depresión: a veces ella, a veces yo. Tenemos al perro negro en casa, unas veces nos mira de lejos, y otras nos acompaña a donde quiera que vayamos. Nos acompaña cuando salimos juntos, y también parece dividirse y acompañarnos cuando estamos separados.

Se anuncia una libertad de unos cuentos días. Yo estaré solo tentado a darle libertad a mis deseos. Me veré conducido por la provocación el deseo de ese pequeño y perfecto cuerpo que me acosa el pensamiento. Sin embargo he de se prudente. Medir las distancias y confundir o ocultar mis intenciones. En eso soy bueno, revelando una falta de interés por quien me responde de la misma forma. No sé qué quieres de mí, pero me gustaría que lo quisieras todo. Me veo en una posición pasiva, cuidando lo que podría decir y no decir. Cada vez que te veo siento que me engaño a mí mismo, mirándote con un deseo cohibido, con una pasión oculta y jugando contigo en mi memoria, en pasado y en futuro, nunca en el presente. Aquí no te tengo, no estás, te has convertido en otro de los muchos fantasmas con lo que me doy compañía en la soledad. Yo soy ese lugar donde te apareces. Vanas esperanzas. Solo tu recuerdo se apareció hoy en este segundo día de encierro. No puedo ocultarlo, me ilusiono al instante, pero también pierdo toda esperanza a la misma velocidad. El café que te propuse se convirtió en un té conmigo mismo. La música de Chopin de fondo para agravar toda tristeza. Así se entierran las esperanzas, en soledad y sin salir de casa. Ni siquiera he tomado la ducha. He dejado que el día se desperdicie entre el frio y los sueños que no recuerdo. Fuiste un día en el que la noche era nuestra. Pensé que iba a terminar de forma distinta. Dormiste sola y yo también dormí solo.

De nuevo me he despojado de mi máscara demasiado pronto, con lo que mañana no me queda más que volvérmela a poner. Fingir que no soy yo y que no te conozco tanto. Te conozco poco en realidad porque no sé escuchar, porque mis pensamientos se escuchan más fuerte. Aun así tenía las preguntas concretas, quería saber la razón del distanciamiento con tu padre, por qué no puedes perdonar a alguien que es de tu familia. Tú también tienes una mente con nudos. Pero tienes tanta libertad y me parece que me llevas años de ventaja.

Y es verdad, yo me he dedicado a vivir de la literatura, pausando el tiempo con las historias que me encuentro en los libros. No soy nada más que una biblioteca con pies y manos, que se mueve de aquí para allá como medio de supervivencia. Parece que por cuenta propia decidí detener mi vida. No debí haberme comprometido tan pronto. No sé cómo sería todo si no fuera de esta forma. Me gusta el refugio que me he creado. Me gusta la seguridad que me ha dado su compañía. Pero no sé que decir cuando me preguntan si estoy enamorado.

Estoy herido, y no he podido sanar del amor pasado. El hombre enamorado se quedó en esos meses de amor loco y ciego. Mi yo enamorado no sobrevivo a la ruptura, se murió junto con el lenguaje que inventamos ella y yo. Ese hombre desapareció entre el dolor del corazón herido. Lo extirpé, dejé de sentir. He buscado amar pero ya no sé cómo. El amor lo encuentro en la ficción, y de seguir sin tenerlo lo inventaré en una historia. Me inventaré un personaje que sí pueda enamorarse y me voy a dejar llevar por lo que siente.

Sabía que dirías que no. Sabía que el silencio sería un no, y no me molesta. Mañana me verás igual de ausente que otras veces, fingiendo que no estuve triste, que no me mostré falto de amor al despedirme esa noche. Un hombre que da lástima. Al final no tan seguro de sí mismo y falto de carácter para seducirte. Es la prueba primordial de que estoy herido de literatura, de que nunca se me tomará demasiado en serio. Un payaso, un hombre en broma. Un caballero de la triste figura, desdichado y solo, preguntándose cómo vencer el hechizo que ha hecho de mi Dulcinea una mujer desconocida. Y con este hechizo en activo voy cabalgando por el mundo confundiendo siempre a la mujer amada. Esclavo de mis obsesiones, siempre inseguro de lo que quiero y lo que deseo. Nunca listo a afrontar las obligaciones de frente. Siempre dejando pasar el día como si fuese eterno.

¿Cómo me veras mañana? Como si nada, como si no nos hubiésemos contado la vida y la intimidad. No podemos ir muy lejos, nunca he tenido suerte con las mujeres como tú, pero cómo me gustaría que tu fueses la primera. Pero de nuevo la locura, la imposibilidad de afrontar tu manera de vivir. Nos abandonaríamos en cualquier momento. Vaya ilusiones que se desvanecen al momento de ser pensadas. He aprendido a comportarme como una presa del olvido, a fingir que nada ha sucedido. Me he acostumbrado al silencio, a no pensar. Y a no escribirte. Porque sé que eso vendrá si se quiere. Porque también soy esclavo de la paciencia, porque ya no espero nada.

Cuánto sufro por al amor que todavía no comienza, por el amor que se queda en sus inicios, que nunca llega de verdad a nacer. Por al amor en sueños, ese que nunca se ha materializado, por ese amor imaginario, ese amor que nos engaña. Paso de una mujer a otra, inventándome historias de amor donde posiblemente nunca las habrá. Ahí estoy yo otra vez, el eterno seductor que pierde fuerza, que se deja vencer ante cualquier muestra de rechazo.

Estoy exagerando la realidad, no ha pasado nada como ha pasado. ¿Por qué abrió la puerta justo cuando llegamos? Puede que eso no quiso decir nada o que me invitaba a entrar. Puede que fuera un muestra de que quería irse pronto, de que no debía malinterpretar su curiosidad. Que las cosas son así, nos conocemos, hablamos.

Todo será distinto.

Como sabes, no es que tenga una vida triste, es solo que tengo un irremediable deseo de enamorarme. Y me enamoro a primera vista, y fuiste tú quien se cruzó en mi camino con su conversación inagotable. Pero mis halagos caen en oídos sordos. No tengo oportunidad alguna, no va a suceder. No puedo ser un romántico contigo, no puedo hablarte de amor como en una novela de García Márquez.

El café no sucedió, lo cambié por otro día conmigo mismo. Otro día en este cautiverio voluntario, secuestrado por una parte de mí, haciendo lo que un hombre hace con su vida. Un hombre que se hace preguntas para las que no tiene respuestas. Me pregunto qué pasara contigo y conmigo y no lo sé, porque no soy dueño de tus pensamientos ni de tus deseos. Nada, responderé que no pasará nada y así las esperanzas se acortarán hasta desaparecer. De regreso a la rutina, al ir y venir sin hablar ni pensar en nada. El trabajo como un descanso a la mente. Una pausa al tiempo. Todo se detiene cuando no cabe el pensamiento.

23/enero/2020


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