Flujo temporal

Mi condición natural es la del solitario, el hombre que prefiere darse a sí mismo que darse a los otros. Soy también una contradicción andante, me digo que el contacto con el otro me dará la materia prima para la escritura; que a partir de seres reales e imperfectos podré crear a los personajes de una novela. Gran mentira, me digo decepcionado a mitad de una noche, cuando las cosas no han resultado como las imaginé, cuando empiezo a sentir desprecio por los otros, limitado a responder con monosílabos a sus preguntas vacías. ¿Todo bien? Me preguntan al verme pensativo, anclado en un recuerdo, en el ensayo de Borges sobre el tiempo que no recuerdo bien. Lo busco desesperado en mi teléfono, lo encuentro: el presente no existe, es tan solo un poco de porvenir y de pasado que confluyen. Tres presentes, el presente actual, este que se aleja mientras escribo; el presente del pasado, el que pertenece a la memoria, el de los recuerdos y el presente del porvenir, una mezcla de temores y esperanzas. Nueva contradicción, sólo hay presente, el presente dividido en tres. Soy el hombre varado en el río del tiempo, siento sus aguas que corren sobre mi cuerpo, aguas que vienen desde la eternidad y que avanzan hacia el porvenir o viceversa. Tema complejo el del tiempo. Son los años que pasan sobre mí su más fehaciente prueba, ni las aguas que corren ni yo somos los mismos. El río no deja de irse, agotarse,  renovarse, y yo no puedo librarme de la infame decadencia, del desgaste del cuerpo. Ayer yo era un flujo constante del presente del pasado, de la memoria. Ya poco me interesaba la presencia de los otros, sus voces inconexas, la conversación fijada en la medianía, en lo que poco vale. Regresé, feliz de haber recordado lo que decía el ensayo de Borges, comprendía que el tiempo es la dádiva de la eternidad, que de la eternidad proviene el tiempo, que si se aspira a obtener la eternidad se aspira a lo imposible, porque la eternidad está compuesta de todos los seres y de todas las cosas. Así, la memoria está construida con algo de olvido, ya que no estamos hechos para la eternidad, por eso se nos han dado las noches y los días, una tregua para resistir el paso inasible del tiempo.

La noche parecía ir mejor, le di un trago a la cerveza, estaba de vuelta después del escape necesario, de mi viaje a la memoria. ¿Todo bien? Sí, todo bien a la misma pregunta de la misma persona. Me daba cuenta del cambio, de la metamorfosis de carácter de los presentes, del que yo no era parte. Ya no eran los mismos que al inicio de la noche, alcohol y cannabis habían hecho efecto, dado en el clavo para deformar el orden inicial. ¿Todo bien? Sí, todo bien, dije, cuántas respuestas afirmativas necesitas para no repetir más la pregunta, pensé, hosco. Si fuera por mí daría terminada la noche, pero Laura quiere quedarse un poco más, entonces llegamos al acuerdo de unos minutos o unas horas hasta que yo ya no soporte el ambiente general. Ya no bebo. Veo cómo todos bailan, cómo el piso insiste en permanecer mojado, otro vaso que se quiebra, de nuevo alguien que toma el trapeador para secar el piso de madera que lo absorbe todo, incluida mi paciencia. La cumpleañera se impacienta, no le gusta que los ánimos de los demás se enciendan, es un festejo en su honor y se hará lo que ella diga. Organicemos un juego para calmarnos, dice, repite, se agota y vuelve a la carga. Su amiga nos dice lo mismo, a cada uno por separado ¿quieren jugar? Después pueden bailar. Nadie las escucha, los otros están hipnotizados con la música, hace meses que una pandemia y su confinamiento les ha privado de la música estridente y hasta altas horas de la noche. Se termina por obedecer a la cumpleañera, dueña de sí misma y señora de la casa. Se vuelve a poner la mesa en el centro antes desplazada para los danzantes, y empieza el juego del que nadie entiende nada. ¿Nos vamos? insisto, un rato más, me dice Laura y yo para qué, si esto va de mal en peor, se nos está obligando a seguir órdenes. Un rato más. Acepto. Juego de preguntas, quien no responda tiene que beber. ¿Necesitamos un juego para beber? Si la mayoría se estaba divirtiendo con la música, pienso, el desencanto visible en el rostro. Continúan, nadie entiende las preguntas, la amiga de la cumpleañera se exaspera ante la falta de interés de los absortos en sus bebidas, privados del baile. Renuncia, se siente como una idiota hablando sola. Se sube el volumen de la música, los ánimos se encienden de nuevo, la cumpleañera no está de acuerdo, lo expresa con la mirada desafiante, cansada por momentos, pero ya no puede impedir que la gente permanezca sentada. Hora de irnos, le digo a Laura que por fin accede, buenas noches a todos, muchas gracias, la cortesía obliga, nos vemos pronto, nos ponemos de acuerdo para hacer algo, mentimos, nos vamos contentos de dar por terminada la noche, la tranquilidad de nuestro apartamento nos espera, mañana trabajamos. Treinta minutos a pie de trayecto, lluvia fina, qué bueno que regresamos, la novia de Román estaba insoportable, me dice, y yo sí, no me parece muy honesta, tiene un aire de hipócrita. Estamos de acuerdo. Llegamos, el sueño llega pronto, yo pienso en escribir mañana temprano, por lo menos antes de tener que partir hacia el trabajo. Pienso en una frase para empezar. Se me ocurre una buena que olvidaré cuando me despierte. Sé que hablaré de la soledad, de lo bien que me siento sin compañía, de cómo prefiero mis libros. Me lamento un poco de no tener los amigos que quisiera. Todo sería distinto si tuviera amigos con ideas más afines, pero no los tengo. Me quedaré con los libros, evitaré que noches así se repitan.


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s