Lápida

Me acostumbré a ti porque te llevo en cada sueño, el encuentro cada noche y madrugada en los escasos minutos del sosiego. Debe ser clara señal de que no superaré tu partida, de que te fuiste, y que una gran parte de ti se quedó conmigo para nunca volver a ti. Quizás tú no resientas mi ausencia, pero estoy seguro de que podrías sentir que algo te hace falta, que te olvidaste de algo al irte y no sabes qué es. Dejaste a la mujer que amé conmigo, pero con el insoportable peso de tu ausencia. Yo no quería que te fueras, que de repente te marcharas sin la esperanza del retorno. No vas a regresar, no puedes y, más aún, no quieres. Aunque quisieras no podrías porque tu orgullo te lo impediría. ¿Para qué realizar un viaje desde un lugar tan lejano solo para estar conmigo? Eso iría en contra tuya y de quien ahora te impide regresar. Es por eso por lo que ahora vienes siempre en cuanto el cansancio me adormece el cuerpo y tropiezo en un profundo sueño. Te aprovechas de que me es imposible despertar y así evitar que te vuelvas a ir. Regresas cuando duermo, vienes en silencio, abres la puerta y posas en mí tu mirada conmiserativa. Ya sé que te preguntas cómo puedo saberlo, y es que ignoras que puedo verte con sentir tu presencia, el aroma de tu cuerpo que se queda cada vez que te vas justo antes de que yo despierte. No siempre puedo verte, sin embargo, sé que estás ahí, que llegaste a mitad del sueño y que te fuiste sin más. Tienes perversas manías, llegas y dejas un frío lapidario de ausencia. Pasas por el borde de mi cama, me miras y acaricias con tu tersa mano mi rostro de infante para sumirme todavía más en el infinito. Ojalá pudiese vivir dormido para que así nunca te fueras y te quedaras eterna, diáfana en el sueño que también es la vida. Pero tú y yo sabemos que no se puede vivir así, que al hacerlo yo tendría que marcharme al mismo lugar que tú, la esperanza de poder volver a encontrarte y no perderme en el camino. De esa forma, nunca tendría que regresar a este lugar con el mismo ramo de flores, con las lágrimas de otro día que caen sobre tu nombre y la fecha de partida que se borra con el paso de la lluvia, el sol y el polvo.

 


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