Por un caminito…

Somos el legado de nuestros padres al porvenir. No hay mayor homenaje que el recuerdo en la imperfecta memoria que, a pesar de ser caprichosa, salva del olvido a quienes más amamos. Nos olvidamos de que somos muertes que hablan con los muertos y que, cuanto más se vive, el silencio se puebla de voces.

¿Qué emotivas palabras, en un día funesto, pueden traer de vuelta a mi padre con toda su luz?


Siempre he traído a mi padre conmigo, tengo su particular tono de voz, su andar, su forma de reír y, cuando me miro al espejo, veo su rostro que encaja con el mío.


De papá recuerdo, con inusitada fruición, su afición lúdica por la música, su guitarra y las canciones que aprendió en el ayer inasible de su juventud, y que nos cantaba cuando de ánimos se sentía. Papá cantaba con nostálgico placer, orgulloso de los acordes no olvidados y de su inmejorable entonación de cantante circunstancial. A veces, no pocas, durante la tarde de los domingos, cuando lo invadía la inspiración, practicaba, aprendía nuevas canciones del libro de guitarra fácil. En esos momentos papá sentía la libertad del artista, rememoraba acaso su juventud de guitarra, de trovador o juglar, y cantaba por un caminito yo te fui a buscar, muy lejos caminé, pero al fin yo te encontré. Aprendí esta estrofa de memoria, la canción favorita de papá que nos cantaba acompañado de su guitarra. Con el paso de los años, sin embargo, la guitarra de papá se volvió víctima fácil del polvo, las cuerdas destendidas, boca abajo, en lo alto del armario. Papá tenía cada vez menos deseos de tomar su guitarra, culpa quizás del desánimo por no haber llegado a ser un músico confirmado, diciéndose para qué, qué caso tiene, no tengo tiempo, y enseguida se entregaba a su mutismo de disimulada resignación, un tanto ausente viviendo otras vidas, las que nunca vivió, frente a la televisión. A papá se le veía agotado, aquí nos tocó vivir, pensaba con resignación alegre cuando el aquí eran sus hijos, quienes lo acompañaban en esas otras vidas a través de la pantalla chica. Se nos olvidaba que papá también tuvo grandes sueños que no se cumplieron, que fue abandonando a medida que se volvieron imposibles, como la guitarra presa del polvo y el olvido, donde nadie pudiese verla. Papá ya no volvió a tomar su guitarra, el niño que fui ya no volvió a sonreír.


De entre los muchos textos que sobre mi padre he escrito, este fue el último que le envié, pocos días antes de la cirugía que le auguraba una larga vida, pero cuyas consecuentes complicaciones me llevan a rendirle funesto homenaje. Durante estos días de lucha, entre la desolación y la esperanza, he revisitado los años felices, y he escuchado la voz de mi padre que canta aquella canción para mí inmemorial. Repaso la letra, palabra por palabra, y hoy, con mi padre más presente que nunca, me parece escucharlo cantar por un caminito, yo te fui a buscar, muy lejos caminé, pero al fin yo te encontré… Entonces pienso que papá, además de poseer una fuerza e inteligencia sin precedentes, tenía el don de la clarividencia, que por un caminito él se fue a buscar el tan anhelado descanso; que desde entonces nos ha instado a que, a su debido tiempo, fuésemos a darle alcance, caminar la hermosa vida, vivir los muchos años hasta que un día, por fin, nos encontremos.


2 respuestas a “Por un caminito…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s